martes, 23 de septiembre de 2014

…la palabra es el asesinato de la cosa

(dice un tal Satavrakakis parafraseando a un sicólogo y a un lingüista que no se ponían de acuerdo)


viernes, 19 de septiembre de 2014

Why are men so proud of their balls? I don't get it.

(uno de los tantos momentos de claridad de la Ninis)

jueves, 18 de septiembre de 2014

Acabo de ver a Zizek subir al autobús. Parecía un Marx crudo, chato y narizón pero con fleco (un poco sudado y grasoso, por cierto)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Oigo las canciones de la mafia en la radio y poco a poco empiezo a entenderme.

Voy en el tráfico este ridículo en el que se respeta el peatón y se maneja a 25 millas, en este lugar donde nadie suena la bocina ni para salvar su vida y en los cruceros hay una competencia mortal para ver quién es el más cortés al ceder el paso (pierdo, siempre, pierdo, orgullosamente pierdo).

La música de la mafia tiene un ritmo simple y agitado, primitivo, es un sonsonete chillón de resortes vencidos en una cama vieja. No puedo decir que me gusta, cuando la escucho más bien me siento asombrada, fascinada en verdad,  porque es música de revelación que habla de pura filosofía. Sus grandes temas son la muerte, el placer, el poder, el honor, el respeto, la libertad, la aventura, la valentía, el devenir, el destino. Es una cosa muy rara que casi no habla de emociones, nada de amor ni de odio, no hay espacio para ternuras ni sensibilidades, el dolor no existe, tampoco el miedo, menos la tristeza. La familia es un ente que sólo aparece en el entierro del antihéroe. Algunas canciones son la crónica vital del macho y sus reflexiones frente al mundo, otras son el hedonismo masculino más radical y superficial: fiesta, droga, parranda y mujeres (como símbolo de estatus, como elemento decorativo, como figura de la satisfacción del deseo).

Y nada, pues, que cuando manejo oigo música de hombres para hombres en la que yo no existo, no me veo, no me oigo pero de algún modo me entiendo porque es mi cultura que me niega y sin embargo me crea.

Soy, chingado, soy.

Cuando oigo una letra particularmente sangrienta veo la herencia del origen de toda cultura.

Escucho todos los elementos del juego y de la guerra: territorio, defensa, control, ataque, estrategia, habilidad, reglas, subalternidad, jerarquías.

Como le digo a usted, es una cosa fascinante.





viernes, 12 de septiembre de 2014

En aquel tiempo todavía me levantaba tarde. Mi padre me despertó por teléfono, dijo algo de un helicóptero y la televisión (esto lo he contado cien veces, unas dos o tres aquí) y un accidente y yo, como siempre, no le hice caso. Mi padre tenía el don de la exageración, yo en cambio tengo el vicio del realismo. Desde muy temprano aprendí a desconfiar en toda medida de las fantasías fatalistas de mi padre, pero encendí la tele y claro, ahí estaba todo. Había sido un verano particularmente malo, yo era una madre novata jovencísima con una tienda de habanos a cuestas. El presagio del invierno nunca era bueno, pero ese día fue desolador. Cerró la frontera. La calle estaba desierta, hacía fresco, no parecía septiembre. Vimos el derrumbe y todo lo que todos vieron. No había más que hacer. La tienda no abrió, yo creí que ahí quedaría todo; ni un ahorro encima, la certidumbre de un invierno funesto y encima los turistas  que en los '90 derrochaban su crédito en habanos, a partir de entonces perderían sus casas, sus carros, sus trabajos y se quedarían encerraditos en apartamentos de renta recordando los tiempos en que les enseñé a encender un puro con una varita de cedro español.

Ese día nos fuimos. Era temprano, Ninis empezaba con el asma. Fuimos a Tijuana a pasear en el Parque Teniente Guerrero. Todo estaba desierto. No sé. Parecía que el invierno fuera un pariente indeseable que llegó sin avisar. Había mucho silencio, mucha luz blanca, mucho frío seco.

Quiensabecómo sobrevivimos.

Aunque cada año que siguió fue bastante malo para el negocio, lo manteníamos de las historias que nos inventábamos y de la amistad que cultivamos con los clientes. Cada invierno enunciábamos las estrategias que seguiríamos el siguiente verano, los productos que compraríamos, los viajes que haríamos. Puras mentiras. Así pasaron nueve años.

Es muy curioso cómo a la distancia pueden verse las cosas alineándose unas con otras, formaditas y organizadas como si verdaderamente pudiera hablarse de un destino.

Esto empecé a escribirlo después. Ya sabe usted que lo que siguió fue duro. ¿Qué puedo contarle que usted no sepa ya? Mucho, pero más vale que pase más tiempo.

Aquí escondidos hay muchísimo miedo y censura. Hay vecinos, familiares y amigos asesinados, torturados, secuestrados, desaparecidos. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos aparecieron, muertos, casi siempre, otros no van a aparecer nunca.

Y… qué le puedo decir ahora.

Hay un éxodo microscópico y una repoblación extraña conformada por miles de deportados que han hecho de la frontera su limbo. Pero lo que más hay es miseria. Por un lado hubo estrategias de resistencia, de negación, de reclamo del territorio, del lenguaje, de la vida. Ya sabe usted, los artistas, los intelectuales y los cándidos con sus discursos para salvar el mundo. Hubo una reapropiación de la cultura que antes se despreciaba y eso desencadenó en que surgiera un estilo de vida hedonista que al principio tuvo su gracia pero ahora apesta a snobería. Es un momento paradójico en que la ceguera no es frente a la sangre y la bala, ahora lo transparente, tan ostensible, es la miseria y todo lo que viene con ella.


martes, 2 de septiembre de 2014

Estoy en un tercer piso con terraza. Es un apartamento clonado con alfombra cortita y oscura para esconder la mugre.

Lo primero que hice fue comprar una planta de ruda, una sábila, algúnas suculentas y una planta de sombra para limpiar el aire.

Todo es paz y armonía. La gente se detiene en los altos. El aire siempre está limpio y a veces tiembla.

En la frontera mi carro era cosa rara: pequeño, viejo, bajo, gris, híbrido de primera generación, pasado de moda y sin ningún brillo, pero aquí vino a encontrarse con todos sus primos y hermanos. Aquí es uno más.

El viejo chino regala ayuda y orientación geográfica de corazón.

Los teléfonos públicos ofrecen regresar los pasaportes perdidos.

No suena la banda por ningún lado, por eso a veces pongo la estación que toca corridos de mafia, es como oir las noticias.

Los árboles forman túneles translúcidos sobre las calles.

Hay lagos ocultos y extraños negocios de cestería o de cerámica que sobreviven inexplicablemente.

Cuando oigo español me quedo callada, escucho con atención y me doy cuenta que el escaso code switching es señal de migración reciente.



domingo, 24 de agosto de 2014

La catástrofe nos pasó por encima, nos revolcó, nos empezó a matar rápidamente, nos dejó callados, en shock, nos llevó a desconfiar de todos, a no dejar pistas, a no hacer preguntas, a ser humildes.

La catástrofe. Siempre la esperé de otra manera.

Quedó la miseria, el hambre, los ojos y los corazones desorbitados por el cristal, la tristeza, el montón de fotos familiares agujeradas a balazos. Hacemos el recuento para ver quienes son los que faltan mientras oramos, pedimos, rogamos a lo que sea con tal de que ya no nos falte nadie más.

La última noche que pasé en mi casa, en mi país, en mi barrio, mi cama apenas era un colchón en el suelo. Todos los muebles estaban en una bodega de San Diego listos para la mudanza. Mi hija y yo estabamos solas y nos costaba dormir, estabamos cansadas de la mudanza y ansiosas por iniciar el viaje. En un pestañeo vi los códigos de la policía en la pared. Nos quedamos quietas. No hacía falta asomarse a la calle: azul y rojo es patrulla; rojo, ambulancia o bombera. Las luces se movían sobre la  pared en ráfagas intermitentes, era la señal de que la patrulla estaba frente a nuestra casa. Me asomé a ver qué pasaba, Ninis se angustió, me pedía que no asomara la cabeza por la ventana, que me quedara en el suelo con ella. Y nada: afuera había tres patrullas con las luces encendidas, tenían las sirenas en mute. Me dio miedo.

Casi pegadas al piso nos fuimos a la sala,  porque es la parte de la casa que queda más lejos de la calle. Nos envolvimos en un edredón a esperar que los códigos desaparecieran de la pared. Me dio mucha rabia que mi última noche ahí fuera así. Me sentí en la guerra, en espera de que una descarga agujerara las paredes de la recámara.

Estuvimos así una media hora, hasta que las patrullas se fueron. No supimos qué pasó. Si era un retén, si buscaban a alguien, si sólo se detuvieron para conversar.  Como ya dije, algo que aprendimos muy bien fue a no hacer preguntas.

La mañana siguiente salí de ahí sin nostalgia ni remordimiento alguno.

viernes, 25 de julio de 2014

A sacar la garra.

jueves, 24 de julio de 2014

Fotos, negativos, transparencias, blanco y negro. Una donde estoy muy triste en el Arco del Triunfo. Otra donde sonrío en el muro de Berlin. Una más donde Rafa era un muchachillo. Otra donde Rogelio no tenía miedo. Cientos de imágenes en las que puedo ver a mi hija crecer, comer espagueti, jugar. Muchas fiestas. La shop. Algunos bares. El proyecto ese de retratos en el salón de clase con el que dejé de tomar fotos cuando el papel desapareció y llegó el reino de los pixeles.

Kilos de papeles a la basura, el cuarto empieza a despejarse. Selección de libros que no pienso prestar ni regalar nunca. Mis zapatos. Mi ropa. Me estoy convirtiendo en una experta en mudanzas.

viernes, 11 de julio de 2014

Batahola. Diario del fin del mundo



Gracias infinitas a Omar Pimienta, por la realización del video, a Ramon Amezcua (Bostich, de Nortec Collective) por la música, a National Records, a Miquel Deya de Editorial Foc

a  costasinmar, a un pulmón, a Mario Martín Flores por su apoyo y su confianza.

y a todos los queridos amigos y lectores que desde hace más de 10 años han llegado a visitar este blog cuyo primer momento ahora es un libro.

sábado, 5 de julio de 2014

Have I been homeless?



Cold feet.




Cuando todo esto empezó la incertidumbre era mi terror.

viernes, 13 de junio de 2014

Vuelvo a casa, pero ya me voy.

sábado, 31 de mayo de 2014

Power lines
Palm trees
Antena de celular disfrazada de pino
Arbol de corcho
Cielo amarillorosaazul
Cava
El apartamento-hotel de las cajas
Mi carro lleno de todo lo que ya no quiero
Celebro casi homeless
Luna y estrella de Los deseos
La iglesia que no conoci
Hoy es la despedida

domingo, 25 de mayo de 2014

Otra vez. Es hora de cerrar y de irse. Dice la Ninis que todo lo que pasa es closure. Que por eso falla el seguro de la puerta del baño. Que por eso se murió Violeta. Que poco a poco por eso se fueron descomponiendo los aparatos: el primer teléfono que tuvimos en esta casa, el DVD. Cuando se rompe algo, cuando pasa cualquier cosa la culpa es de eso a lo que ella llama closure.

Nos empezamos a despedir  del pueblo desde hace dos años, empezamos a acostumbrarnos, a estar cada vez un poco más lejos. Yo hice las cartas de amor requeridas y fui dejándolo todo. Ahora volvemos solo para irnos de nuevo y por mucho tiempo. 

Estamos huyendo del lugar al que todos quieren migrar.

A veces necesito hacer listas en las que puedo ver la ruta que he seguido. 

Recuerdo que en el año nuevo estuve en la mesa de mi madre con mis hermanos y las botellas de chapagne eran interminables y comíamos chocolates y nos reimos mucho y yo dije: el próximo año va a ser de cosecha. Y sí, en mi cumpleaños empezó todo, no ha parado, no quiero que se detenga.

Mientras, trabajo sin descanso. 

 

domingo, 11 de mayo de 2014

"La voz y el punto de vista de la cronista fluctúan entre una intermitente permanencia fallida y los intentos por prevalecer, ante el caos del fin del mundo. Lorena se reapropia del arcaísmo batahola de las notas policiacas y frente al lector arma una confusión violenta de géneros literarios. Desarma y arma un cuidadoso desmadre a partir de la crónica cultural que se híbrida con: la anécdota, el diario, la minucia editorial, el epigrama, el retrato, la glosa, la instantánea, el relato mínimo, el cuento, el atisbo autobiográfico, las detonaciones tuiteras, los amagos neocostumbristas, el testimonio, el ejercicio metanarrativo, el homenaje y transgresión a la ciudad letrada de su generación y, finalmente, la novela en ciernes entre mundos agotados. Más que un diario, es una falsa cronología de itinerancias por Rosarito, Tijuana y el sur de California. Es una errar sin término. Testimonia sincopadamente la transformación proteica de la región transfronteriza, las maneras para entrar, circular, transcurrir y no salir. No son textos para residir, sino para fluir sin tregua, sin arribo y sin retorno".
–Mario Martín-Flores.


Pronto en http://www.editorialfoc.me